29 agosto 2006

De oficina

En mi laburo se consume más té que café, hecho que siempre me resultó un tanto anómalo dada mi obsesión por la segunda sustancia. Lo cierto es que a medida que los años pasan, lejos de generar inmunidad hacia ciertas cosas una se vuelve más sensible: por primera vez en mi vida vengo padeciendo achaques de algo que seguramente sea acidez. Por lo pronto no tengo otra opción que culpar al café y a la cokiuska. En fin...

En dicho laburo suelen hacer café "especialmente" para mí. Reproduzco un diálogo reciente alrededor de la cafetera/tetera:
Una compañera - ¿Y? ¿No vas a tomar café hoy?
Yo - No gracias, tengo una acidez galopante
Una compañera - (discurre sobre los años que pasan, dolores variadísimos, métodos anticonceptivos para plantas, recetas macrobióticas imposibles y remata con la siguiente frase): De última sólo se vive una vez.
Yo - Je. Sabés que, aún dentro de los márgenes de esa teoría (porque en definitiva no es más que una teoría), la muerte también resulta ser una sola. Y eso no le agrega ningún atractivo, me parece. Yo como que me detendría a analizar ese sistema de valores ¿viste? No entiendo que tanto festejan la unicidad al fin y al cabo... (sigo a medida que me voy alejando)

No me han hablado desde entonces. Por suerte ya se termina.

19 agosto 2006

Shit happens II

Este blog, llevándole la contra a todas las predicciones (inclusive las mías) ha sobrevivido a un nuevo aniversario de mi nacimiento.
La ocasión, si bien no tuvo la difusión que merecía (merecía mucha menos), debiera marcarse por lo menos en este mismo medio. Así que para la ocasión digité algo nuevo. Buen provecho.

Urbanicidio

El individuo en cuestión cirucla (caminando) por la vía pública y está llegando tarde al lugar al que estaba citado. Ante la visión del único ómnibus que le sirve, decide correr las dos cuadras en subida que lo separan de la parada del mismo. Tiene la buena fortuna de alcanzarlo, mas tropieza con el segundo escalón mientras asciende, golpeándose el rostro con la baranda y quedando inconsciente. El conductor-cobrador, que también está atrasado con su horario, decide deschacerse del problema raudamente propinándole un ligero puntapie de tal forma que el individuo en cuestión cae nuevamente a la vía pública. Allí tendido es asaltado, golpeado y violado por un grupo de planchas. Se despierta adolorido y semidesnudo, sólo para ver horrorizado que su pierna izquierda está siendo devorada por un perro callejero.
(Continuará)

05 agosto 2006

Frase de la semana

A mon petit amour:
"Por supuesto que te quiero, imbécil. El problema es que no lo disfruto."