Na-vi-dad, Na-vi-dad, verderojayblanca Navidad
Llega esta altura del año y no sé qué me repele más: las lucecitas musicales que venden en los puestos callejeros, haciendo intransitables nuestras principales avenidas, las aglomeraciones de consumo que se generan alrededor y hacen aún más difícil la circulación, las ascépticas reuniones familiares o mi own híbrido de tedio, hartazgo, ansiedad y depresión propios de quien no es lo bastante adepta al alcohol como para divertirse normalmente.
Entonces no. No le deseo felicidad a nadie. Primero quiero una normalidad para mí.

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