04 junio 2005

Académicamente hablando

Formo parte del grupo de arpoximadamente 2000 personas que ingresaron a la facultad de ciencias económicas y de administración en el año 2002.
Como toda novata, no tenía mayor idea de a qué me iba a enfrentar. Pero si de algo estoy segura desde hace años es que odio trabajar en grupo. Lo empecé a odiar siendo una escolar porque siempre los trabajos en grupo los terminaba haciendo yo. Ahondé en ese odio hacia 1999, cuando vaya uno a saber porqué decidí meterme en esa actividad funesta que son las "Empresas Juveniles". Se suponía que teníamos que inventar una empresa, un producto cualquiera y tratar de que sobreviviera por unos seis meses y... a ver... qué no pasó... el director tenía amigos que ocupaban cargos altos y que no trabajaban nada, así que decidimos echar a los amigos, pero el director nunca presentó los cambios del organigrama... y tuvimos que maquillar los números para que pareciera que la empresa había sobrevivido y nos dieran los diplomas... en resumen, una bosta.
¿Por qué incluyo esa experiencia en particular? Porque una de las materias del primer año tiene, entre otros temas, la creación de un plan de negocio, pero hay que hacerlo en grupos. "La idea es sólo diseñarlo", nos dicen. Como si fuera una estupidez meridiana. La única estupidez que vi fue la de los compañeros de grupo que me tocaron en suerte a lo largo de los años, a saber:

Año 2002: Nos juntamos en la casa de una muchacha X (jamás en la mía). El objetivo debía ser encontrar alguna necesidad no satisfecha del público o que se pudiera satisfacer mejor. Hasta ahí todo bien. Por alguna razón, la conversación deriva hacia "Lo que le vendría bien al país es...". A partir de ese momento, paro la oreja. Siempre es intersante escuchar lo que a la gente le parece que un país necesita... ¿o no? Un tipo, creo que se llamaba Alvaro, sugiere que lo que habría que hacer es atraer a los turistas con mucha pero mucha guita de San Pablo hacia el agroturismo local. Jijijijiji... está bien que los brasileros sean excéntricos, pero en serio ¿te parece que un tipo que está forrado de guita va a venir acá voluntariamente a llenarse hasta las rodillas de barro? Vamos... Luego, una mina (¿Paola? no me acuerdo) dijo que le preocupaba que el país no tuviera una aerolínea. En ese momento, visualicé un avión de Pluna haciéndose bosta contra un poste de 18 de julio. Para ella, la cría de ñandú estaba rindiendo bastante y podía ser una buena opción a explorar.
Luego la conversación saltó otra vez y se pusieron a hablar de los boliches que habían visitado en Punta del Este... (ni siquiera exagero). Recuerdo que ese año el primer parcial de la materia fue por el 25 de junio, más o menos...

Año 2003: Bueno, año de ponerse las pilas, tengo que liquidar esta materia de mierda... Me presento en el salón, con la mejor de las voluntades. "Vayan armando los grupos" dijo el profesor, y un escalofrío recorrió mi espalda. Nadie de mi grupo había llevado el libro con los ejercicios prácticos (con eso había que empezar)... ¿nadie? ¡No! Una muchacha tenía un libro pero no sabía si le servía porque era del año pasado. La asignatura de la que estoy hablando se llama "Introducción a las Organizaciones". El libro que tenía la chiquilina decía, en caracteres enormes en negrita: "ECONOMÍA".
Obviamente no le dije nada porque sabía que no iba a poder hacer la materia ese año si ya empezaba con gente así, pero tampoco podía perderme la cara del profesor cuando le preguntara si el condenado librito servía o no.

Por cierto, valió la pena. En mi vida me costó tanto contener una carcajada (por más que estemos en el 2005 y yo siga debiendo esa materia).

01 junio 2005

El minutero

Hablaba tranquilamente por teléfono con un amigo del que no tenía noticias hacía tiempo, hasta que llegué a cierto punto en el que vi en la pantallita del captor, además del número de mi amigo, que se aproximaban las 16.30. Era hora de pensar en irse, porque cuando uno paga por un curso lo tiene que aprovechar al 300% (más teniendo en cuenta lo que cobran los muy hijos de p...).

Tras la seguidilla habitual de frases del tipo "no te pierdas", "a ver si para la próxima no esperás dos meses para llamar" y demás, me quedé unos minutos más de los que debía hablando con mi madre, nuevamente a las apuradas -pero eran temas urgentes!

Aún así llegué a la parada a tiempo para tomarme un ómnibus que me dejara en el centro con los minutos suficientes para dejar la mochila, hacer una escala en el baño y hasta preocuparme porque los minutos pasaban y mis compañeros no llegaban.

Claro, si yo hubiera mirado la aguijita de la hora me habría dado cuenta que no estaba llegando a las 17.30 como suponía sino a las 16.30. ¿Por qué? Porque el fuckin captor tiene la hora cambiada y nadie se acuerda de como volverlo a la realidad (léase, dejé a mi amigo y a mi madre hablando solos por una absurda medida gubernamental).

Tal vez lo más triste del caso sea tener que reconocer que si yo no le preguntaba al profesor si había cambiado el horario de la clase no me iba a dar cuenta de lo que estaba pasando. Pero el muy sotreta tampoco me avisó. De ser por él, me habría quedado una hora parada en la puerta del salón como un average chupete en el traste.

C'est mon vie (y disculpen mi esperanto)

No se pierdan la próxima edición de "Movidas tan pero tan brillantes que me alejan de la gente normal"